Ataviados con ropas de invierno, aunque el sol que entra por los cuarterones de las ventanas de madera pueda invitar a desmerecerlas, nos decidimos a comenzar este ligero paseo para redescubrir lo que el tiempo ha convertido más en un recuerdo que en una realidad.

Seguramente por las horas, lo lógico sería bajar la Calle Esmerencia en busca de un lugar donde disfrutar de un aperitivo previo a la comida. Sin embargo el camino opuesto nos propone un breve y apetecible paseo para estas horas.

Pronto la Calle Esmerencia toma la Calle de la Sierra que no dejaremos hasta abandonar los límites poblados de Saelices. Esta primera parte del camino transcurre entre edificaciones de carácter agropecuario tildadas de sensaciones de extrarradio. En breve nuestra ruta pierde el asfaltado y comienza a virar constantemente a la derecha en un descenso suave que pasadas las últimas construcciones nos permite observar desde lo alto, los tonos tierra que dibuja el campo en estas fechas.

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vistas camino de la Fuente la Mar

Continuando nuestro camino pronto avistamos nuestro objetivo. Un pequeño merendero sirve de antesala para la Fuente la Mar. Actualmente la construcción es un conjunto de fuente y lavadero. La fuente se presenta como un frontón triangular rematado por pináculos en sus vértices, cuyos caños vierten el agua al pilón que mediante un pequeño canal y un dispositivo de pilas acaba llegando al lavadero, un lavadero de grandes dimensiones y forma rectangular. Todo ello conforma un conjunto donde la arquitectura popular y académica se dan la mano con un fabuloso resultado.

fuente la mar, saelices

Vistas de la fuente de la mar

En sus orígenes la Fuente fue utilizada para el abastecimiento de la ciudad romana de Segóbriga que estaba conectada con ella mediante un acueducto. Adecuados para su conservación, los restos de éste pueden observarse mediante unas estructuras coronadas por un vidrio que permite contemplarlos.

 

fuente la mar

Tras un breve descanso en este tranquilo enclave rebosante de historia y quietud, retomamos nuestros pasos en sentido contrario sabiendo que nuestra llegada se premia con un plato caliente.

(documentación “Una ventana a la Mancha Alta Conquense”)

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